| LA NACION LINE | 28.07.99 | Espectaculos |
Espejo de una
generación
"Demoliendo
tangos", espectáculo de Federico Mizrahi (piano,
arreglos y dirección musical) y Luis Longhi (bandoneón,
textos y puesta en escena). Los viernes, a las 22, en
Clásica y Moderna, Av. Callao 892. "Demoliendo tangos", el título de este espectáculo, carga con un amplio catálogo de sugerencias. Es una frase soberbia, provocadora y capaz de generar muchos prejuicios. Es una advertencia para el público. Es una excusa para referirse a cosas y personas, entre ellas Charly García y Astor Piazzolla, dos personajes que tantas veces habrán pasado por la mente, el corazón y la música de Federico Mizrahi (pianista y compositor) y Luis Longhi (actor y bandoneonista). Estos músicos llevan tres años compartiendo proyectos. El primero fue la pieza teatral "Tres mañanas", de Mario Cura, y luego "Brecht Tango", "Borges, Brecht Tango", y "Tango chejoviano", estrenados en Buenos Aires, Sevilla y París, respectivamente. En "Demoliendo tangos" el dúo no sólo combina conocimientos y experiencias musicales y actorales: también condensa una serie de gestos, códigos e influencias que pueden servir de reflejo para muchas personas de su generación. Porque es la juventud la que los tira para el lado de los de su generación, y la fuerte herencia acumulada en más de cien años de tango la que los lleva a escarbar las raíces del género. Es por eso que la propuesta de la dupla propicia un clima que parece una mezcla de café concert y una variante del off Corrientes, ecléctica, con algunos números agradables y otros poco logrados. Y
Charly también Mizrahi pasea sus manos por el teclado y expone temas propios ("Tres mañanas", "Petite Musique", "Cielita linda") con melodías nostálgicas que piden transformarse en canción y modismos rítmicos que se empezaron a utilizar en el tango hacia fines de los sesenta. Longhi es un rato bandoneonista y otro rato responsable de varios personajes (descarga su costado histriónico para asociar tango y sufrimiento o para hablar de su patética familia, y se conmueve cuando llega el momento de poner en su boca versos de Borges). Cuando se encienden todas las luces y los aplausos sirven de llamada para atraer a los bises, la frase "Demoliendo tangos" suena distorsionada. Porque la música que ofrecen Mizrahi y Longhi no intenta romper, derribar, deshacer o arruinar nada. En realidad, está más cerca de una reconstrucción bien encarada a partir de elementos clásicos del género. Así es como, equilibrando espontaneidad y cautela, el dúo llega a momentos intensos donde la música de García (la de los años de Serú Giran) parece fundirse con el espíritu inquieto y la rítmica agresiva de Piazzolla. Un Charly tanguero, una reconstrucción, un guiño para los de su generación, tal vez otra forma que Mizrahi y Longhi encontraron para ponerse frente a un espejo. Mauro Apicella Copyright © 1999 La Nación | Todos los derechos reservados |
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